Statement


Barcelona 2015

Para mí el bordado es al dibujo lo que el tejido a la escultura. Es trabajo de línea sobre plano; el eslabón entre la bidimensión y la tridimensión pues es una imagen pero con características de textura y volumen inherentes de un cuerpo. Inherentes de la invitación a una caricia, el bordado incitador, el textil sensual.

Las implicaciones corporales de la experiencia me mueven a hacer lo que hago y a vivir la obra como la vivo, con hambre. No se va por la vida únicamente a partir de la palabra, creo es muy pobre el pensar que la expresión hablada o escrita sea la más elocuente cuando la vida se vive de cuerpo entero; se pasa por la experiencia con las piernas, con el estómago, con las manos.

Del mismo modo es iluso pensar que los protagonistas en el bordado son el hilo, la tela y la aguja. El bordado sucede primero que nada en la concepción, en las entrañas, en el aliento, sube por la garganta y se derrama en la mente como un trago caliente cuando hace calor, un trago líquido y caliente que no se dispersa en vaho si no en brazos; el bordado sucede en el aire después de que las manos lo toquetean un rato, en la aguja y sólo al final se posa en la tela, suave, como un diente de león que cae después de haber sido deseo.

Para mí las técnicas son lenguajes. El saber varias me permite entender de distintos modos el mundo. Así cuando hable de sensualidad lo puedo hacer en francés, el inglés es bueno para dar consejos pero para recibirlos es mejor el portugués. Cuando hablo de vida y de pasión no hay nada como el español. Amar es un idioma universal.

Decido hablar en textil porque es donde tengo más vocabulario, me permite ser elocuente y hay cosas puntuales que no quiero dejar de decir. Es un idioma que viene a mi de modo corporal. Saliva en el hilo, lo sangro, me pico, lo sudo. Mi cuerpo se desdobla y ya no termina en la punta de mis dedos si no al final de la pieza que sale de mí casi sin querer haberla hecho.

La aguja. Este pequeño objeto, cortante. En su naturaleza de romper y atravesar, une. Donde antes había dos pedazos de tela ahora hay un lienzo, repara y lo que antes era una fuga ahora es bolsillo. Lo pienso de otro modo y es una especie de perdón. Una suerte de redención y de remiendo.

Cuando uno borda el tiempo pasa diferente, más lento y puedo ver el mundo mejor; que no me ha dado tregua y que no me de nunca. Me permite poner atención en este presente, en esta experiencia, este instante, ahora. Es un modo en el que no se pueden decir mentiras, ni a mi misma. Habrá que montarse sobre el tiempo, pero mientras tenga manos, para mí, la costura es pedir,


por favor,


a la vida.




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